Hoy se cumplen 10 meses del accidente del vuelo 2350 de Conviasa donde 17 personas fallecieron y 34 sobrevivieron. El representante legal de las víctimas, William Dugarte, revela lo que hay detrás de un siniestro aéreo, cuya importancia no solo radica en el dónde, cuándo y cuántas víctimas; sino en el qué y el cómo los infortunados pueden enfrentar esta terrible experiencia.

William Dugarte conoce de cerca el drama que produce en una familia las consecuencias de un accidente aéreo, una amarga experiencia que le tocó vivir cuando ocurrió la tragedia del vuelo 518 de Santa Bárbara Airlines acontecido el 21 de Febrero del 2008, donde viajaban los primos de su esposa: el alcalde de Mucuchíes (estado Mérida), Alexander Quintero y su hijo de 11 años; por ello se ha dedicado a asesorar a las víctimas de estos siniestros en el país, experiencia que no duda en traspasar las fronteras venezolanas de ser necesario.

Para Dugarte es un compromiso social y personal ayudar a aquellas personas que tienen el infortunio de atravesar una situación de este tipo, y como presidente de Dugarte-Fidalgo Consultores y Asociados, se ha valido de sus conocimientos para defender los derechos de estas personas en el ámbito legal y así lograr una investigación que revele las causas de un accidente aéreo.

Aunque en principio el bufete no estaba vinculado con la materia aeronáutica, a consecuencia del accidente del 2008 y la pérdida de los familiares de Dugarte, la empresa cambió de rumbo para dedicarse por completo al tema de la aviación y convertirse en la única especialista en desastres aéreos en Venezuela.

Es así como en 2010 se encarga del caso Conviasa: el vuelo 2350 que cubría la ruta Porlamar-Puerto Ordaz, avión ATR-42-320 y que el 13 de septiembre se precipitó a tierra.

Hecho público y notorio

Un accidente de aviación civil se convierte en un hecho público y notorio. Automáticamente el Estado nombra un Fiscal del Ministerio Público quien junto a la Junta Investigadora de Accidentes de Aviación Civil (JIAAC), seguirá paralelamente pero de manera conjunta la investigación, explica Dugarte.

– ¿Cuál es el papel de la Junta Investigadora de Accidentes de Aviación Civil?

– Se encarga sólo de investigar cuales fueron los factores que desencadenaron el accidente, con el único fin de tomar previsiones en la aeronáutica civil e implementar cambios en la misma que eviten que este tipo de tragedias vuelvan a ocurrir, mas ellos llevan un proceso totalmente administrativo y su objetivo no es determinar responsabilidades penales.

En cambio, el Ministerio Público por medio del Fiscal investiga el accidente basándose en la información que le pueda suministrar la junta investigadora y los otros organismos policiales o de investigación, para determinar si existen responsabilidades penales, en caso que este ocurriera por negligencia, inobservancia o con el fin propio de cometer un delito, es decir, una bomba o alguna manera de causar daño de manera premeditada.

Caso Conviasa

Vuelo 2350 de Conviasa

En el caso particular del vuelo 2350 de la aerolínea estatal, informaciones filtradas por las fuentes relacionadas con la investigación revelan que presuntamente una falla técnica en la nave, ignorada por la empresa encargada de hacer el mantenimiento a los aviones ATR de Conviasa fue la causa del siniestro.

Tal situación, se traduce entonces en una relación de corresponsabilidad entre la aerolínea, la empresa de mantenimiento y el Instituto Nacional de Aeronáutica Civil (INAC), por no certificar las “correcciones” del avión, lo que deberá ser confirmado por el único órgano autorizado: el Ministerio Público.

Este accidente que dejó 17 personas fallecidas y 34 sobrevivientes, no sólo provocó daños a quienes se encontraban en el interior del avión, sino también a los familiares de las víctimas por presentar un estado de shock frente a una situación inesperada.

Libreto

La materia de Aviación Civil contiene unos parámetros establecidos en convenios internacionales que la rigen. Es por eso que los procesos para llevar la investigación son los mismos en cualquier país donde ocurra un accidente, según lo estipulado por la Organización Internacional de Aviación Civil (OACI).

Al momento de ocurrir un accidente aéreo de inmediato la aerolínea comienza a ejecutar “un libreto” que establece cómo se manejan los desastres aéreos internacionalmente, las consecuencias y la atención de las personas afectadas.

– ¿Cómo es ese libreto en nuestro país?

– Lamentablemente en los países de Centro América y Suramérica sólo existe el amarillismo de la prensa de saber dónde fue el accidente, cuántas personas murieron y si se hizo una demanda a la aerolínea o no, pero no hay nadie que se encargue de informar sobre la situación en la que quedan las víctimas después del accidente y del largo proceso al que tienen que ser sometidos.

Cuando un avión cae, merma automáticamente en los vuelos debido a que las personas se muestran inseguras a volar con esa aerolínea.

Aparte de los trámites legales que obviamente las aerolíneas deben enfrentar, tiende a paralizar sus servicios en la flota que cayó para someterla a una evaluación y determinar si está en condiciones de seguir volando, lo que causa una pérdida más a la compañía.

Pero también se suman otros factores que ponen en riesgo de crisis a la aerolínea, por ejemplo, que la empresa aseguradora incremente la tasa si al evaluar descubre que hay una responsabilidad real de la aerolínea y si es por negligencia no le renueva la póliza, y lo más probable es que otras aseguradoras tampoco quieran correr ese riesgo y una aerolínea sin seguro no puede volar.

El drama detrás del hecho

El experto expone que un accidente aéreo es un tema muy delicado para las aerolíneas económicamente hablando, por ello siempre busca ejecutar una acción legal a través de la indemnización, que según la Ley de Aeronáutica Civil Venezolana como otras de Latinoamérica corresponde a un máximo de aproximadamente 160 mil dólares por víctima fallecida y en montos mucho menores en aquellos sobrevivientes.

“Después del accidente, la empresa reaseguradora nombra a un bufete para que se encargue de asesorar a la aerolínea, conversar con las víctimas y llegar rápida y eficazmente a una conciliación en la que firmen un finiquito con el propósito de asegurar que cualquier acción legal sea paralizada. Por supuesto, por el monto menor posible para que los intereses del reaseguro no se vean afectados”.

Pese a la obligación que tiene la aerolínea a través de su representación legal de ayudar, colaborar y responsabilizarse sobre todos los gastos médicos y psicológicos de las víctimas y sus familiares, Dugarte asegura que en muchas ocasiones se trata de acciones en perjuicio de ellos y no en beneficio, evitando que se agrupen, investiguen, conozcan sus derechos y tengan la posibilidad de exigir una indemnización mayor ya sea mediante una conciliación o una demanda.

Divide y vencerás

Dugarte en su experiencia particular como víctima y asesor descubrió que la intención de las aerolíneas es la división.

“¿Cómo? Cubriéndolos con su manto, ofreciendo asesoría para que la víctima se sienta identificada, que cree un vínculo con la aerolínea y no llegue ningún William Dugarte o cualquier abogado a intentar hablar con ellos ni los llene de información que les haga emprender acciones en contra de la aerolínea o su seguro, por eso lo primero que uno encuentra como asesor de las víctimas es el rechazo, es en ese momento de afectación emocional que la gente ve respuestas y cree en la aerolínea”.

También ocurren rechazos sin fundamento debido a los ataques de otros bufetes hacia las víctimas con el único fin de lucrarse, de lograr un contrato con fines de representación en defensa de los montos de la indemnización, quienes juntos con la aerolínea, cuya intención es proteger sus intereses y de la aseguradora, el accidente es manejado como un negocio netamente mercantil; actuando muchas veces como zamuros sin respetar el dolor de los familiares.

“Entonces a uno se le hace difícil llegar al familiar, por eso tienes que ser una víctima para darte cuenta cuál es la situación y salirte y decir ‘no ya va, él tiene razón’ y quienes trabajamos en el apoyo a las víctimas decir ‘mira tienes derecho a todas estas cosas, no te están dando un dádiva, eso no es que la aerolínea le gusta regalar cosas, eso forma parte de un seguro que tu familiar o tú pagaste al comprar el pasaje, no es de su bolsillo, es el seguro el que se encarga de responder para cubrir esos gastos, y así como tienes derecho a eso, lo tienes a que se haga una investigación que no sea sesgada y a una indemnización que se obtiene después de los resultados de la investigación que es la posición que siempre asumo junto a las víctimas ya que ante todo está la verdad de los hechos”, explica.

Resaltó que su asesoría es sin fines de lucro y cuando logra el contacto con las víctimas apoya a nivel emocional e informativo sobre todos los procesos a seguir y a los cuales inevitablemente deben enfrentarse si desean o no una asesoría legal.

Satisfacciones a largo plazo

En la primera experiencia de la firma Dugarte-Fidalgo con el caso de Santa Bárbara Airlines lograron una indemnización justa para los familiares de las víctimas, el cierre del expediente Fiscal y la conclusión del accidente aéreo que sirvió para el cese de los vuelos comerciales desde el aeropuerto Alberto Carnevalli así como tomar correctivos en las rutas que cubrían las líneas aéreas no autorizadas por el INAC .

Actualmente trabajan en la misma dirección para lograr cerrar el caso Conviasa con la misma satisfacción, a fin de poder aportar cambios y mejores controles, pues agrupados con las víctimas la investigación se lleva en iguales términos, con la diferencia que se descubrió que el problema de la nave ATR-42 siniestrada fue una falla técnica y de mantenimiento y sus causas podrían generar responsabilidades diversas, mientras que en Santa Bárbara se trató de la indisciplina de vuelo por parte de la tripulación.

Dugarte espera hacer valer los derechos de estas víctimas, garantizar una indemnización de acuerdo a la magnitud de los hechos ocurridos, pero no por el hecho de que un monto pueda sustituir la vida de quienes fallecieron en el accidente, ni que pueda borrar de la mente de los sobrevivientes el recuerdo de una tragedia, pues tiene muy consciente que nada ni nadie puede sustituir un ser amado; sino para dejar claro que estos acontecimientos acarrean una serie de daños irreparables y que si existe una indemnización que debe ser entregada por derecho, se vele porque sea ajustada a las responsabilidades del accidente y al dolo causado, mas no lo que la empresa de seguro y la aerolínea intente cancelar para ahorrar de su estado financiero.

Confía en que a partir del esclarecimiento de los hechos de cualquier tragedia aérea, las autoridades de la aeronáutica civil trabajen para evitar que situaciones como estas se vuelvan a repetir, e impedir que se pierdan más vidas.

Fuente: Diario El Venezolano.